Marruecos ha dado un giro definitivo a su política hídrica con un plan de inversión que supera los 12.000 millones de euros en nuevas plantas desaladoras, una apuesta con la que pretende hacer frente a la peor sequía registrada en el país en las últimas tres décadas. El programa busca reducir la dependencia de embalses y acuíferos sobreexplotados, cuyos niveles llevan años en descenso por la escasez de lluvias y el aumento de la demanda agrícola y urbana. La estrategia marroquí, una de las más ambiciosas de la región en desalinización, tiene implicaciones directas para la gestión compartida del agua en el Mediterráneo occidental y para la presión migratoria asociada a la escasez de recursos. Expertos en política hídrica destacan que este tipo de infraestructuras, pese a su elevado coste energético, se han convertido en pieza central de la seguridad hídrica del norte de África.
La inversión prevista supera los 12.000 millones de euros en nuevas plantas desaladoras.
El país atraviesa su sequía más severa de las últimas tres décadas.
El plan busca reducir la dependencia de embalses y acuíferos sobreexplotados.
La estrategia tiene implicaciones para la gestión del agua en el Mediterráneo occidental.
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